“Jesús le dijo: Se acerca el momento, y quiero celebrar la cena de pascua en tu casa, con mis discípulos” (Mt 26, 18). Jesús quiere celebrar su Cena en mi casa, en mi vida, en la casa común de la humanidad. Quiere que en nuestra vida haya algo, ojalá mucho, de aquello que hubo en aquella cena. ¿Qué hubo pues?
En aquella cena hubo:
intimidad. “Cuánto he deseado celebrar esta cena con vosotros” (Lc 22, 14).
Hubo agradecimiento al Padre. “Tomó entonces una copa y dio gracias” (Lc 22,14).
Hubo bendición en medio de una situación que invitaba a todo lo contrario (Mc 14, 22).
Hubo una libertad que se entrega por los demás . Ésta es mi vida, me la ha dado mi Padre y yo puedo hacer con ella lo que quiera… y lo que quiero es entregárosla. Tomad y bebed de esta libertad.
En aquella Cena hubo amor que se abaja. “Comenzó a lavar los pies de los discípulos” (Jn 13, 5). ¡Nos amó hasta el extremo! Pero nosotros somos más de calcular, de hacer cuentas, de medir… y en aquella Cena tan sobria ese “recuerdo”: “Haced esto en memoria mía” se ha convertido en Presencia fiel que nos alimenta.
Y después… la oración de Jesús en el huerto: En Getsemaní hubo combate, angustia, tristeza… pero hubo oración: “velad y orad”. Y sobre todo una confianza inquebrantable: “Que se haga como Tú quieras, Abba”.
Celebramos la Cena del Señor a las 6h de la tarde.
Está disponible un Lavatorio de los Pies por si quieres orarlo.